sábado, 16 de febrero de 2013

Momentos duros

La pérdida de una persona querida es algo que realmente hasta que no lo vives no sabes exactamente como vas a reaccionar. Algunos, los más sensibles, no les da miedo llorar, porque al fin y al cabo es un acto de aprecio hacia esa persona, de que la recuerdas, de que la echarás de menos. Otros lloran cuando nadie les ve, por fuera enteros, por dentro destrozados. Otros simplemente explotan en el momento más insospechado.

Evidentemente, ante un fallecimiento la gente se lo toma de diferentes maneras: recordando momentos alegres con la persona fallecida, contando anécdotas o viendo fotos. Hasta explotar. A veces pasa hasta en varias ocasiones. La riqueza de una persona la marca uno mismo, no hay ninguna unidad que mida eso, pero el que te quiere por como eres, es quien de verdad importa.

Debe ser que me calaron muy profundos los versos de Jorge Manrique en "Coplas a la muerte de su padre", que es una maravilla de reflexión, o que estaba especialmente confundido ayer por como pasó todo, pero el caso es que aún no he explotado. Me lo estoy tragando todo y habrá un momento que lo suelte. Hasta entonces, prefiero recordar.

Al final fue una atea con entierro cristiano. Pero eso es lo de menos. Ahora ya no cree en nada. Solo es un recuerdo, tan vivo y tan potente, que es difícil que muera. Porque lo material muere, pero lo que dejas en los demás, en la realidad, que son las PERSONAS, es lo que persiste, lo que cuenta. Al menos en un periodo corto de tiempo. Porque dentro de un siglo quién se acordará de nosotros? No creo que mucha gente. Podrían acordarse de aquello que hagas en vida, eso si es importante y sirve para cambiar el mundo. Si no, olvídate. Solo somos polvo en el viento como decía el grupo de rock Kansas.

Está bien escribir esto escuchando Brothers in arms. Y al final, somos polvo que se irá y esa es la reflexión, el conflicto existencial que supone todo. El por qué? y sobre todo el para qué? La triste despedida y la metódica armonía que respiras al ver que al fin, está en paz. La misma paz que aquí no existe, allí la encuentras. La paz contigo mismo.

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